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Uno de los elementos que más se asocian a la independencia y libertad del individuo ha terminado por esclavizarlo como consecuencia de su empleo extensivo e irracional. El calentamiento global no es más que una más de sus consecuencias. Como no modifiquemos nuestros hábitos, el planeta lo pagará muy caro.
Y es que en la mayor parte de los paises europeos no sabemos, no podemos o no queremos vivir sin coche. Comparando con nuestros vecinos Holandeses o Belgas que pedalean más de 1.000 km anuales por persona (el 27 por ciento de sus desplazamientos totales), el 10 por ciento de nuestros viajes en coche son de menos de 1 km, el 30 por ciento de menos de 3 Km y el 50 por ciento de menos de 5km.
Este 22 de septiembre volverá a celebrarse en nuestras capitales, y en muchas ciudades de España y de toda Europa, el día sin coche , iniciativa que trata de hacernos ver que nuestra vida cotidiana sería mejor con un uso más racional de nuestros automóviles y que es posible un modo de transporte más sostenible. En el contexto de esta jornada, Berdeak se suma y apoya la campaña organizada por el Grupo Verde del Parlamento Europeo por la movilidad sostenible este mes de septiembre de 2006.
El coste social del empleo del vehículo privado (accidentes, polución, cambio climático, agotamiento de recursos naturales, degradación del paisaje...), según un estudio elaborado a nivel de la Unión Europea, es 3 veces superior al del ferrocarril y está muy por encima del impacto del autobús, e incluso del avión.
Por todos estos motivos, desde Berdeak-EG estimamos que no es suficiente con cerrar al tráfico dos o tres calles, 1 día al año. Las instituciones, además de ser ejemplarizantes en el empleo del transporte público –algo que por desgracia les resulta incomodo y extraño en la actualidad– deben promover de verdad el transporte público y el transporte alternativo no contaminante. De la misma manera, no pueden continuar fomentando un urbanismo basado en el uso del coche individual, con la construcción, por ejemplo, de grandes centros comerciales en los exteriores de las ciudades.
Un buen ejemplo de la promomoción y apoyo institucional al cambio de hábitos lo encontramos en Alemania, donde ha sido introducida con éxito una tarjeta intermodal de transporte público, la MobilCard , para proporcionar la máxima comodidad y eficiencia al ciudadano en sus desplazamientos. En definitiva, para invitarle a abandonar el coche.
Fuente: Berdeak
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