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Los buitres leonados surcan el cielo del valle del río Trubia casi a diario, aunque cada año es más difícil verlos. La población cae en picado. El Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (Fapas) inició hace unos 15 años un programa de reintroducción de la ave carroñera en el centro de Teverga, tras un intento fallido en el Occidente de Asturias. Erradicó venenos, apostó por la concienciación popular y proporcionó carroña a los leonados. Ahora lo volverá a hacerlo en Cantu de los Navaliegos, en el concejo de Santo Adriano. El comedero se inaugurará «en primavera», tal y como avanzó Roberto Hartasánchez, presidente del Fapas.
Hasta la fecha, la fundación ha logrado que varios ejemplares se asienten en el valle y atraigan a los que viajan con destino a la Cordillera Cantábrica. Sin embargo, la elevada mortalidad de los polluelos y la falta de alimento han dificultado su supervivencia. En 2004, en las escarpadas montañas del Trubia vivían entre 60 y 65 ejemplares. De ellos, al menos ocho parejas eran reproductoras. Dos años después, la reducción ha sido drástica. «Tenemos una población muy pequeña, entre 30 y 40 ejemplares». De ellos, «seis u ocho parejas son reproductoras», detalló Hartasánchez. Febrero es el principal mes de la época de celo.
«Garantizar la conservación de los leonados y la supervivencia de los polluelos» es el objetivo que la fundación persigue en el Cantu de los Navaliegos. La idea de instalar un comedero en la peña surgió en 2004. Entonces, Hartasánchez ya anunció su creación como medio para asegurar la comida «tanto a buitres leonados como a los alimoches». Tras presentar el proyecto técnico al Ayuntamiento de Santa Adriano, fue aprobado y recibió la financiación del Gobierno regional. Ahora, el comedero está en marcha.
El perímetro
El recinto tendrá dos cercos de 1,60 metros de altura aproximadamente. El más grande, de 15.000 metros cuadrados, y el interior, de 3.000. El primero evitará «la entrada de las reses domésticas» y el segundo, el acceso de animales que resulten una amenaza para las aves. Los habituales de la zona son los zorros y los perros salvajes.
Para lograr «fijar en el territorio ejemplares itinerantes», un miembro del Fapas, Luis García, será el encargado de tener la despensa llena. Subirá «los animales de la zona que se mueran, como ovejas, carneros y caballos». El problema es que el mal de las vacas locas también ha salpicado a los leonados. Ahora, cuando se muere una res, los ganaderos proceden rápidamente a quemar el cadáver, en especial aquellos infecto-contagiosos.
De momento, García no tiene calculadas cuántas veces tendrá que subir al Cantu de los Navaliegos con comida. Los buitres serán los que marquen la pauta. «Ellos irán apareciendo poco a poco y después se acostumbrarán a que siempre haya comida en la peña». Según la vayan ingiriendo, García subirá más víveres, aunque esta clase de ave «puede pasarse hasta 15 días sin comer».
El comedero también servirá de observatorio. Gracias a la ayuda del Principado, el Fapas ha ordenado la construcción de una pista que llegan hasta el primer cerco. «La gente podrá llegar hasta allí en coche y ver cómo comen las aves», apuntó Hartasánchez. De unos 150 metros de largo, se tomará dirección Las Xanas y justo entre los pueblos de Tenebreo y Dosango.
Una alta mortalidad de los polluelos
De tamaño mayor que el águila, el buitre leonado que vive en los acantilados y paredes rocosas del valle del río Trubia, está en plena época de celo. El presidente del Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (Fapas), Roberto Hartasánchez calcula que un máximo de 8 parejas son reproductoras.
Tras 40 días de incubación, nacen los polluelos. Cada madre sólo pone un huevo al año. Aunque las crías lleguen a abrazar la vida, mueren a los pocos días por la falta de alimento. En los últimos años, el 50% de los nacidos en el Trubia no consiguieron pasar de las tres semanas de vida. Con la instalación del comedero en Santo Adriano, el Fapas quiere ayudar a los pequeños a crecer.
Fuente: www.fapas.es
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