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Los primeros testimonios sobre el cultivo de la espelta se remontan a 7000 años aC, lo que confirma que este cereal ha acompañado las primeras experiencias agrícolas del ser humano. En la antigua Roma, por ejemplo, el Farro (espelta) constituía el cereal base con el que se elaboraban panes, hogazas, pasteles, sopas, etc...
Las regiones donde se produce la espelta son la Borgoña, la Provenza, la Alsacia y el Este de Europa. En el estado español, la espelta se ha cultivado hasta principios del siglo pasado en la zona norte.
La espelta desarrolla durante la fase de crecimiento una gruesa corteza que la protege totalmente de cualquier tipo de polución atmosférica. Además responde negativamente a los estímulos provocados por los tratamientos químicos, lo cual la convierte en un excelente producto para la agricultura ecológica.
Constituye un excelente alimento anti-estress debido a su alto contenido en magnesio (0,15%), diez veces más alto que cualquier variedad de trigo, favoreciendo con ello el sueño. La espelta es mucho más rica en proteínas que el trigo (tasa de trigo 11,5% frente al 15% de la espelta). Y es también más rica en hierro, fósforo y vitaminas A, B y E .
Otro elemento importante de la espelta es que aunque contiene más porcentaje de gluten que el trigo, es mucho más tolerado por aquellas personas que tienen dificultades de asimilación digestiva al gluten. Ello es debido a que por su propia naturaleza, la espelta no ha sufrido ningún tipo de proceso de hibridación o de manipulación.
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