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 Blanco es el color con el que el invierno cubre la naturaleza de un silencio reflexivo para hacerla nacer nuevamente, fresca y rejuvenecida, coloreada y alegre. Y blanco es además el color de un oloroso capullo que aparece a principios de la primavera en las alturas de una montaña de provincia china, una planta conocida como Árbol del té de dónde se obtiene el ingrediente esencial para elaborar una exquisita infusión de un palidísimo color paja, (o verde suavísimo) llamada té blanco, una bebida en donde nadan los finísimos vellos plateados del capullo (agujas blancas), apariencia que antojó algún día su delicioso y mágico nombre.
El té blanco, consumido en la antigüedad por emperadores y allegados, se decía que poseía propiedades “mágicas” porque promovía la inmortalidad, rejuvenecía y sanaba, una especie de elixir (remedio considerado maravilloso) escaso y poco común al que solo podían acceder aquellos considerados de la nobleza, y si acaso alguien del vulgo se atrevía a consumirlo era castigado con la pena de muerte.
Se sabe que una de las grandes preocupaciones de los magos antiguos (alquimistas) era encontrar el elixir de la longevidad, alguna sustancia que además de otorgar las virtudes de la juventud, al tomarla pudiese aliviar todo tipo de enfermedades. Algunos médicos y filósofos gastaban todo su tiempo en encontrar dicho elixir, hacían numerosas combinaciones y observaciones para su ejercicio, como en todas las épocas había practicantes charlatanes que ofrecían productos que presumían de grandes virtudes y que tan solo engañaban. Hoy en día ya no sorprende encontrar bebidas que antes hubieran sido costosas y secretas, hoy podemos encontrar bebidas como el té blanco que lo único que necesita para convidarnos de sus “blancas magias” es que tengamos la intención de querernos un poco más cada vez, e inclinarnos por elegir aquellos alimentos y bebidas que nos favorezcan en todo sentido.
Esta bebida que reparte mágicamente sus privilegios en el cuerpo ya no guarda para si el secreto de sus generosas propiedades, las cuales se deben a que la planta de donde se obtiene esta coordinada con el comienzo de la primavera, cuando todo germina y el aire es fresco y el cielo despejado y limpio, y entonces se recolectan los brotes antes de que se abran, cuando aún conservan sus vellosidades blancas, porque es en este momento de “blanco germinado” donde se concentra toda la energía y todos los nutrientes y potencias de sus propiedades..
Esta es sin duda la herencia más noble de la planta, la cual, después de ser desecada para eliminar toda su humedad y concentrar únicamente su esencia, es sumergida en el calor del agua para disolver sus cualidades ricas en antioxidantes potentes, mismos que al ser ingeridos ayudan a aumentar defensas y a colaborar en la lucha contra los radicales libres, frenando sobre todo el proceso de deterioro y envejecimiento en el organismo.
Esta antigua bebida es, en la actualidad, conocida por una larga lista de propiedades, entre las cuales destaca porque es:
• Ideal para combatir la fatiga física y mental
• Un excelente apoyo en dietas antiobesidad, ya que no tiene calorías, es suavemente diurético y favorece la eliminación de grasas
• Un buen aliado en enfermedades cardiovasculares (baja los niveles de colesterol y triglicéridos).
• Preventivo de caries, por su rico contenido en flúor
• Refrescante mental, favorece la capacidad de concentración y la memoria y hace florecer una nueva y vibrante energía y voluntad.
• Alta en niveles de polifenoles, sustancias químicas que actúan como antioxidantes naturales, antioxidantes que pueden encontrarse además en alimentos como la fruta, la verdura, los germinados y las nueces entre otros. En el té blanco los polifenoles más abundantes son las catequizas, que son anticancerígenas y antibióticas, así como las encargadas de luchar contra los radicales libres que son los responsables del envejecimiento de las células.
Una bebida exquisita que además de deleitar al paladar deleita a la mente, activa la circulación de la sangre, oxigena la piel y anima el espíritu.
PREPARACION
Se recomienda consumir de dos a tres tazas diarias. Una en cada comida, sin miedo a consumirse antes de acostarse porque es muy baja en cafeína. Su preparación ya no es un secreto, dos cucharadas de té por taza.
• Se pone a hervir agua y justo antes de que comience su ebullición se retira del fuego y se vierte el té blanco.
• Se tapa el pocillo y se deja reposar de cinco a diez minutos.
• Una vez colado, puede beberse endulzado con miel de agave o de abeja, con unas gotas de limón, con un poco de leche de almendras. Hay quienes agregan unas gotas de clorofila, aunque para disfrutar plenamente de sus propiedades se recomienda tomarlo sólo. ¡Cuidado con las imitaciones!
COSMETICA
No sólo para que el paladar y el organismo lo disfruten, el té tambien convida de la belleza de su flor a nuestra piel, que también puede disfrutar el té blanco en forma de loción para el rostro. El té blanco puede además usarse como tónico facial, basta guardar una tacita de té blanco para limpiar con ella nuestra cara, después de una exfoliación cierra los poros, deja la piel aterciopelada, sedosa y luminosa, la relaja. Es además un potenciador del bronceado, se aplica encima del protector solar y ayuda a acentuar el color.
UNA RECETA RICA PARA LA PIEL…
A una tacita de té blanco agrega otra tacita de agua fresca, una pizca de pimienta blanca (propiedades revitalizantes), una gotitas de artemisa (relajante) y algunas gotitas de almizcle (sensualidad). Mezcla y limpia tu cara con esta loción todas las noches.
OTRAS RECOMENDACIONES
Es recomendable que los niños consuman con moderación (o no consuman) este té.
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