El Juego de la Abundancia
¿Cómo le haces, niño, para estar feliz jugando con un bote de refresco, en este barrio sucio, y además, sin zapatos? Yo hice esta pregunta una vez, a un niño. Y el me contestó: “¿Quééé?” Y siguió jugando.
¿Cómo se puede jugar sin zapatos, con lluvia y, además, sin haber comido?
Disfrutar de una vida abundante para la mayoría significa una vida fuera de cualquier carencia o limitación, una vida donde se goza de plena salud, una economía fluida y despreocupada (dinero suficiente) y amor incondicional.
Lograr uno o todos estos beneficios representa para muchos un punto de preocupación o de búsqueda continúa, muchos pasan la vida pagando medicamentos y doctores tratando de sanarse, o buscando una posición económica estable y desahogada batallando en trabajos pesados de horarios largos y que muchas veces no son disfrutables, o gastando la vida buscando la pareja o las relaciones ideales.
Pareciera que para lograr la abundancia en la vida hay que pagar un precio muchas veces alto, y ese precio, aunque muchos dirán que lo pagan a diario esforzándose, buscando y hasta trabajando duro, no logra dar los resultados esperados, y se sigue padeciendo la carencia y/o la insuficiencia, incluso a veces parece que esta se agrava, y las cosas no cambian sino que parece que presionan más, provocando muchas veces que el ánimo decaiga y se vea uno pillado por la desesperación, el temor y la confusión.
Resumiendo: para disfrutar de una vida abundante, pareciera que, entonces, significa que,primero, no hay que disfrutar. Y no disfrutar tampoco garantiza que después se disfrutará.
El juego de la Abundancia
Hay algunas cosas en la naturaleza que gozan de una abundancia ilimitada: el agua de los océanos, la galaxia y sus infinitas estrellas, las ideas de los niños, la luz y energía del sol, la suerte de las mariposas, la belleza de las flores, la paz de la luna, la salud de los números, el espacio en el universo, el gozo de los bebés, la gracia de las semillas, etc.
Quizá parezca un poco tonto o desesperante pensar en todo esto cuando hay que pagar la renta y las deudas, o cuando se padece un dolor o una afección, o cuando se anda por ahí sin la pareja o la relación ideal. ¿Qué tiene que ver la galaxia y sus estrellas o el gozo de los niños con las situaciones limitadas, carentes o dolorosas que a veces se padecen?
Yo digo que todo. A veces, la cabeza debería perder un poco de su razonamiento convencional y, en los momentos más difíciles, habría que acercarse a algo en la naturaleza que sea dueña de cualquier tipo de abundancia, y preguntarle cómo es que le hace para tenerla.
"¿Cómo le haces, niño, para estar feliz jugando con un bote viejo de refresco, en este barrio sucio, y además, sin zapatos? Yo hice esta pregunta una vez, a un niño."
El problema es que, cuando preguntamos este tipo de cosas, hay que perder también un poco el razonamiento convencional para poder escuchar la respuesta.
"Y el me contestó: “¿Quééé?” Y siguió jugando."
Y sin perder la vista del bote de refresco y con la única intención en el corazón de tocar el bote con su pie, le contestó también a otros más que le hablaban desde afuera: “Quéé!!” “No sé!” “Ahorita no!”
Yo pensé que el niño no me había escuchado ni a mi ni a nadie más, y que jamás sabría la respuesta. Y quizá el niño no me escuchó, cierto. Ni a nadie más. Pero la respuesta era evidente. Evidente, claro, hasta unos años después, cuando ya era capaz de ver "un poco más".
Y yo veía, no solamente a mí, sino a los demás, preocupados por una larga lista de cosas por hacer, pagar, arreglar, encontrar, comprar, vender, …. preocupados por el tempestuoso “clima” de las finanzas, quejándose de “la lluvia de problemas”, “de la pobre salud”, “de la escasez de prospectos para pareja”, encerrados en el tiempo de la prisa, siempre con algo qué hacer, como "ausentes" de la vida, mecánicos…
“¿Quééé? Y siguió jugando."
Y luego me preguntaba si valdrían la pena esas cosas sencillas que presume la vida, como ver el cielo (o el techo de la casa) y perderse ahí un rato sinmás, o charlar sin pendientes con un amigo o el hijo, o soñar con algo nuevo que crear en la vida, quizá asomarse toda una tarde por la ventana a mirar el sol, la luna o las abejas del vecino… No parece que se disfrute todo esto así, con carencia y limitación, con enfermedad, sin la pareja ideal, con inseguridad, sin trabajo, con “ese jefe”, etc. ¿Dónde esta la abundancia y cómo llegar a ella para poder disfrutar de lo pleno de la vida?
Los niños se hicieron adultos. Y aprendieron a perseguir todo, menos a “su envase de refresco”.
"Y siguió jugando."
Siguió jugando con lluvia, con caídas, con raspones, con insultos y un viento frío espantoso, sin tomar agua, sin comer, dos o tres horas, quizá cuatro o cinco, quien sabe, pero siguió jugando, hasta que los demás se cansaron y se empezarona sentar, y se quedó sólo pateando el bote, y los otros lo miraban exhaustos desde la banqueta, junto conmigo, también exhausta pero de la admiración, mientras el seguía pateando el bote, su sudor parecía caer del cielo en gotas de lluvia cada vez más fuertes, pero el seguía haciendo maniobras con la botella, por encima del hambre, el tiempo, el dolor, el tempestuoso clima… Algo, por dentro, lo llenaba con todo.
Y mientras el tiempo pasa y uno va eligiendo como vivir, hay seres como estos que de pronto llegan a cambiar toda una perspectiva, y nos hacen ver un día que gozar el momento presente y entregarse de corazón a él tiene su magia, y que soñar con realizar algo que pueda ir por encima de todas las limitaciones tiene su atrevimiento, y que si uno se pasa los días buscando tener algo para poder gozar, entonces uno puede perderse de todo el encanto y abundancia que tiene la vida, porque si ésta es un regalo, habría que disfrutarla con todo el corazón para entonces poder recibir todos sus regalos y misterios.
Desaprender lo que nos han enseñado como a luchar, a competir, a querer ser "el mejor", a ganar más que el otro, a tener miedo de dejar lo que no disfrutamos, a pensar que hay maldad y que hay que alejarnos de la aventura y lo desconocido, desaprender que es más importante juzgar que ser libres y amorosos, y qué estar cómodos es mejor que movernos en nuevos caminos y direcciones, no es tarea fácil, cierto, habría que tumbar todo un sistema de creencias que durante mucho tiempo nos han limitado a vivir de modos falsos y con una felicidad muy poco profunda y pasajera.
Sin embargo, para poder entender como mirando el techo y soñando, y siguiendo con la mirada a las abejas o las mariposas, y colocando el tiempo en lo que realmente amamos, puede ayudarnos a pagar no sólo la renta sino todo lo que querámos, es una experiencia la cual sólo pueden comprender los más atrevidos.
Un día, algunos años después, me dije a mi misma: "Cuando sea grande, yo quiero ser como ese niño".