Escondidillas de la Felicidad
El problema con buscar la felicidad es que se busca y se busca por todos lados mientras esta se rasca la panza y se ríe esperando a que la encuentren metida en un armario….
-¿Dónde está la felicidad?
En un armario
– ¿Cuál armario?
El que está en el sótano.
– ¿Cuál sótano?
El que está en el bosque.
– ¿Cuál bosque? ¿Los bosques tienen sótano?
Claro, por supuesto.
– ¿Pero donde diantres tiene el sótano un bosque?
Pues debajo del árbol más grande.
– Ah… que cosa … ¿Y cuál es el árbol más grande de un bosque? ¡Todos son muy grandes!
Saca una regla y mídelos.
– ¿Qué saque una regla y los mida? ¡Me tardaría meses, años, toda la vida!
¿Quieres encontrar la felicidad ¿si o no?
– Si.
Bueno ¿Y entonces? Saca una regla, ve al bosque y mide los árboles.
– Bien. Lo haré.
¿Lo harás?
– Si. Lo haré.
No lo creo, tu siempre has sido muy desesperado.
– Si, eso dicen, creo que lo heredé de mi abuela, ella era así, pateaba al gato a cada rato. Pero no importa. Todo sea por la felicidad.
Que bien. Ahí encima hay una cinta para medir, te la presto pero me la cuidas, no me la pierdas, eh!
– Gracias. Que amable. Adiós.
¡Oye, espera, espera! … Y ¿por cual árbol empezarás a medir?
– … Mmm…, es cierto, no me has dicho en que bosque debo empezar a medir…
Busca el Bosque de las Hadas.
– ¿El bosque de las hadas? Vamos, por favor… qué bosque de las hadas ni que nada. Ese bosque no existe.
Existe.
– Que no.
Que si.
– Que NO.
Que si.
– ¡QUE N…
…
¡ESTA BIEN!, está bien… Todo sea por la felicidad. Y dime, ¿por dónde tiene uno que irse a ese bos-que-ci-to?.
– Mira, toma el camión que sale en la esquina, el del letrero azul, le dices al conductor que te deje, escucha bien, en el primer puesto de jugos que veas, me parece que hay una señora chaparrita y gordita que los vende. Te fijas bien, ¡eh! Bueno, luego de bajarte ahí te tomas un jugo porque seguro y llegarás con mucho calor, y después de tomártelo caminas hasta…
– Bien, bien, espera, deja lo apunto, no vaya a ser que se me olvide…
…
… letrero azul… señora chaparrita, puesto de jugos… ¿qué jugo debo tomar?
El que se más te guste.
–¿Cuál me recomiendas?
El de toronja con perejil es bueno.
– Bien. Me tomo el jugo de toronja … y camino hasta…? ¿Hasta dónde había que caminar?
Hasta donde quieras caminar.
…
…
-¿Hasta donde quiera?
Si.
– ¿Asi nomás?
Si.
– ¿ASI NOMÁS?
Que si.
…
…
– Bien. Bien. Todo sea por… . Así que camino hasta donde se- me- de- mi- gana…
Si. Eso.
– ¡Y SI NO SE HASTA DONDE ME VA A DAR LA GANA CAMINAR!
Te regresas con la seño de los jugos y te tomas otro juguito.
– ¿OTRO JUGUITO? ¡CREES QUE SOY TU TONTO O QUÉ!
No.
– ¡NO!
No.
…
…
– BIEN… Bien… Hagamos lo que dices. Así que luego de caminar hasta donde me harte… ¿qué más?
Vas a encontrar un niño y una niña.
– … voy a encontrar un ni-ñi-to y una ni-ñi-ta. “Que lindo”. Bien. ¿Y qué tengo que hacer ahora? ¿los llevo al circo o a ver Harry Potter?
No. Escoges a uno y le contestas una pregunta.
– ¿Escojo a uno?
Si.
– ¿Al que yo quiera?
Al que quieras.
– ¿Da igual?
No.
– ¿No?
No.
…
…
– Bien. Bien… Todo sea por… esa cosa. ¿Cual me recomiendas: la niña o el niño?
El que sea.
…
…
– ¡BIEN!…. BIEN. ¿Y LUEGO?
Luego, le pides que te haga la pregunta y cuando la contestes tu respuesta definitivamente te llevará al bosque de las Ha…… ¡hey!, ¡espera!, ¡a donde vas!, ¡todavía no acabo de decirte lo que te van a preguntar para vayas pensando la respuesta! ¡oye! ¡Espera!
LA FELICIDAD
De niños, muchos jugaban a las escondidillas, y eran felices jugando. Luego, cuando crecieron, la Felicidad siguió jugando a las escondidillas, pero entonces para algunos el juego ya no pareció tan divertido. ¿Dónde diantres está? Buscar y encontrar: es un juego. Bueno, era un juego. Ahora, parece que cada vez uno encentra menos lo que quiere, o sea, la felicidad.
O peor aún, buscando la felicidad uno encuentra exactamente todo lo contrario. O peorísimo aún: uno busca lo que alguien le dijo que era la felicidad, sin tomarse un minutito para preguntarse ¿es lo mismo que hace feliz al vecino lo que a mi me haría feliz?
¿Qué es realmente lo que a mi me hace feliz?
No a mi papá, no a mi mamá, ni al vecino, no a los amigos ni a nadie más: A mi.
Esa es la pregunta con la que debiéramos dar a cada día de nuestra vida. Y al tratar de encontrar la respuesta, hay que no dejarse llevar por los caprichos superficiales que a la larga sólo hacen que uno se sienta más sólo. No hay que distraerse sólo con la comodidad y el poco esfuerzo. La respuesta tiene que ver más con un entendimiento profundo de nuestra naturaleza creativa.